septiembre 21, 2021

La Brecha Informativa

Para saberlo todo en menos tiempo…

Magnicidio Haitiano ¿Qué le espera a República Dominicana? ¿Cuál será la respuesta de la Comunidad Internacional?

Por Cornelio Remigio, Dott. in Scienze Politiche e Relazioni Internazionali, Università di Milano.

Nuestro vecino país, cuyo nombre fue dado por las primeras poblaciones de nuestra amada isla, los antiguos taínos, en el idioma hablado por estos, el extinto Arawak, Haití significa tierra montañosa.

Este nombre y su significado, puede hacer imaginar, a cualquier joven que se encuentre en el lejano oriente o en alguna provincia distante del mundo y que sea poco conocedor de la historia, como que este país es el arquetipo de una tierra idílica. Un “ou-topos” utilizando las palabras del filósofo político Thomas More, es decir, el lugar ideal para vivir.

Sir Thomas More, ya en 1516 en la Inglaterra del renacimiento, describe su “Weltanschauung” es decir su visión del mundo; en su libro “Utopía”, describe como tal, una sociedad isleña en la cual se superaban todos los conflictos, se rechazaba la guerra, las injusticias y la política se nutría de un sentimiento de extrema moral y extrema ética.

El cuadro que describe Thomas More, es todo el contrario de lo que hoy sucede en el oeste de nuestra amada isla La Española. Hoy Haití, cuya capital anuncia un puerto de Príncipes, no tiene nada de utópico.

Haití en sus 217 años de vida Republicana ha sido un país con un alto índice de inestabilidad política, social y económica. Lamentablemente es una sociedad que no encuentra paz, nunca ha tenido suerte, en el sentido filosófico ilustrado por Maquiavelo. Que ilustra que en realidad la suerte no existe, lo que sí existe son países con príncipes virtuosos, capaces de prever situaciones y poner remedio.

Factores como corrupción rampante, iniquidad, pobreza extrema, secuestros provocados por bandas armadas empeoran su lamentable condición. A estas situaciones se añaden factores imponderables como los son las múltiples catástrofes naturales, entre ellas ciclones tropicales, y para poner la tapa al pomo se añadió el catastrófico terremoto del 2010. Haití es el país más pobre de la región y uno de los más pobres del mundo.

Con familias que viven con menos de un dólar al día, que comen galletas de barro para poder engañar sus cerebros de haber comido algo rico y nutritivo. Indudablemente Haití es un país que gracias a sus lideres con poco o nada de sentido común, ha corrido con una mala suerte, tanto así que, este estado nación es reconocido a nivel del concierto internacional y sobre todo en la literatura contemporánea como uno de los ejemplos clásicos de estados fallidos en el mundo, a la par de países como lo son Somalia, Iraq, Bosnia-Herzegovina y Kósovo.

 

 

 

 

¿ES VERDADERAMENTE HAITÍ UN ESTADO FALLIDO?

Para dar respuesta a nuestra pregunta sería cónsono analizar la definición de estado. Según Max Weber (1864 – 1920), el estado visto como comunidad política, es aquella entidad que reivindica con éxito el uso legítimo de la fuerza con el objetivo de garantizar la seguridad y el orden.

Otra definición más moderna de estado, es la que plantea Charles Tilly (1929 – 2008), según el filósofo, las entidades estatales son caracterizadas por ser centralizadas y diferenciadas, al interno de las cuales sus funcionarios controlan el uso legítimo de la violencia sobre su población.

Es importante afirmar, por consiguiente, que un estado que no tenga un ejército y una policía capaz de ejercer la debida fuerza y generar un cierto respeto entre sus ciudadanos no puede ser considerado un estado.

Basándonos en estas definiciones, siendo directos y pragmáticos, tenemos que concluir que la República Dominicana tiene como vecino uno de los estados más frágiles del mundo. Esta fragilidad conlleva a que Haití sea considerado en la literatura corriente y ante la comunidad internacional como un estado fallido. Este país es bien sabido que ni su ejército ni su estado de policía controlan 100% su territorio. Parte de este, está controlado por bandas fuertemente armadas y grupos de poder de la oligarquía haitiana. Es un estado tan débil que, complot o no, recientemente su presidente fue ultimado en su residencia.

Según datos del “Fund for Peace” que hace una lista utilizando el índice “Fragile State Index” la cuál se publica anualmente por la revista “Foreing Policy”, vemos que la problemática haitiana es un caso atípico en la región; si tomamos los 35 estados-naciones que comprenden el continente americano, Haití (y Venezuela) encajan con dicho cuadro de Estado Fallido.

Dicho informe coloca a Haití y a Venezuela como los dos países, con un nivel de fragilidad extrema en nuestro hemisferio. En una escala de 0 a 120, Haití tiene 97 puntos y no está tan lejos de países altamente inestables, como lo son Yemen, que encabeza la lista con una puntuación de 111.7 y Somalia con 110.9, muy lejos de países considerado de bajo riesgo como Finlandia y Canadá con puntajes de 16 y 21 de riesgo respectivamente.

 

LA POSIBLE RESPUESTA DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Como notamos en las cifras precedentes, Haití es actualmente un estado fallido y con el homicidio del presidente se agrava aún más la crisis haitiana, provocando más desestabilización. En estos casos en vía extraordinaria, el Consejo de las Naciones Unidas sesiona para tomar cartas en el asunto; es altamente probable que una vez que se delineen los problemas del paciente, el consejo en primera instancia espera una auto estabilización del país o en vía contraria, si no se verifica autónomamente, con extrema Ratio Regis, opten por una nueva intervención, a menos que las autoridades haitianas no decidan primero pedir ayuda ante la comunidad internacional.

Como es bien sabido por los estudiosos de las Relaciones Internacionales, la intervención es ilegítima. Este principio es uno de los pilares fundamentales del orden en una sociedad internacional, anárquica. Este pilar como es notorio, está supuesto a excepciones, las cuales fueron bien delineadas por filósofos y estudiosos de la materia de los siglos pasados como lo son: Grozio, Vattel y Wolff.

Las ideas bases, de estos estudiosos, sobre las circunstancias donde la sociedad internacional pueda ser legitimada para intervenir sobre un estado militarmente fueron tomadas en cuenta en la redacción de la carta de las Naciones Unidas (ONU): (a) Situaciones como la violación de los derechos humanos, (b) injusticias, (c) grande desordenes sociales y por último (d) el no respeto a la autodeterminación de los pueblos.

Como es natural intuir la comunidad internacional, encarnada en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene como precepto garantizar el estatus quo y los equilibrios regionales. Haití como podemos entrever es un país que muy probablemente podría ser objeto de intervención, ya que, al interno de este, la violencia y el desorden son endémicos y estructurales, pues ya ni se respetan las jerarquías. Lo cual resultaría un riesgo intolerable para la comunidad internacional.

En segundo plano la comunidad internacional, pudiera una vez que se decida optar por inmiscuirse en esta crisis regional; resolver de una vez por todas la situación haitiana de raíz, que tantos dolores de cabeza provoca en el sistema regional, y más directamente a los dominicanos, conduciendo un proyecto de (state-building), parecido al que se verificó en Kósovo y en Bosnia-Herzegovina. Al interno de los cuales se procedió a ejecutar un proyecto de reconstrucción y reorganización estructural del estado, con relativo éxito en los años noventa.

Es importante considerar que el vecino país amerita con extrema urgencia la imposición de una administración “ad ínterin”, con facciones de un protectorado, en conjunto a órganos del gobierno local, depurados por funcionarios de la ONU, con el objetivo de construir y reforzar el cuadro democrático e institucional ya precario que tienen nuestros vecinos.

 

¿QUÉ LE ESPERA A LA REPÚBLICA DOMINICANA?

Todos, como es natural, pudieran concluir en que se pudiera verificar otra oleada de migración masiva de refugiados haitianos, escapando de las diversas crisis, que surgen como si fueran hongos periódicamente en el país, hacia su vecino más próximo. En nuestra opinión esto cae entre las probabilidades, pero lo que se vislumbra es que se mantendrá probablemente, para decirlo en términos marineros, en una buena calma chicha.

Aunque si tenemos anualmente múltiples crisis sociales, endémicas en el vecino país, ahora agudizadas por el coronavirus y el hecho del presidente occiso, lo cual provoca como es natural un fuerte vacío de poder al vértice de la pirámide. Es bueno puntualizar que el focus de esta nueva crisis es mas institucional y gubernamental; por lo que si nos detenemos a razonar y vemos la situación con una imaginación sociológica, como diría Wright Mills en su libro “The Sociological Imagination” escrito en 1959, y nos colocamos en una posición de súper-partes sin preconceptos ni prejuicios;

podemos observar que la crisis, como muchas otras, es una crisis de vacío de poder, con todas sus naturales consecuencias; la base que es el pueblo realmente no ha sufrido daños, aunque si debemos poner los puntos sobre las íes. Sociológicamente hablando vivimos en una sociedad, lo cual significa que estamos todos interconectados, por ende, situaciones de nivel micro pueden influenciar los agentes sociales, «imaginémonos situaciones macro como la del asesinato de un presidente.»

Lo que deseamos resaltar en dicho cuadro es que el magnicidio que se ejecutó; inevitablemente ha creado agitaciones y algunas manifestaciones por las calles, pero no será la gota que colmará el vaso. Pues como dice el refrán: Rey muerto Rey puesto.

Podemos decir con plena responsabilidad, que hay un desorden institucional imperante y un fuerte vacío de poder, sin embargo, esto no provocará oleadas masivas de inmigrantes como la que ocurrió con el terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter el 12 de enero de 2010 en Haití, el cual fue un caso sin precedentes históricos.

En lo concerniente a la prospectiva dominicana, nos queda analizar el rol activo que debería tener nuestro país en conjunto con la comunidad internacional, en promover el orden y la estabilidad del paciente. Como ya sabemos de fuentes haitianas, el pasado primer ministro Clude Joseph solicitó apoyo internacional para proteger sitios estratégicos, preservar el precario orden institucional y conducir al país a nuevas elecciones.

En este caso la Republica Dominicana como miembro de la comunidad internacional y más cercano vecino, debería acatar el llamado y ponerse a disposición, ojo asumiendo un rol pasivo y al mismo tiempo activo.

Cuando nos referimos a pasividad queremos hacer presente a las autoridades dominicanas, que no conviene participar activamente en las operaciones de intervención que probablemente serán promovidas por la comunidad internacional a futuro, porque viéndolo de un punto de vista histórico, tomar esta decisión aumentaría aún más las fricciones entre nuestros pueblos y daría más agua que beber a la opinión pública haitiana. Sería contraproducente para nuestras relaciones comerciales y diplomáticas presentes y futuras, las cuales debemos saber tutelar.

El rol activo sin embargo se debería tener del lado de nuestra frontera poniéndonos a disposición en dar apoyo logístico a las autoridades internacionales en caso nos lo soliciten; deberíamos también participar en los encuentros de toma de decisiones en el Consejo de las Naciones Unidas y mantener la frontera sellada hasta que se estabilice la situación en el vecino país, por último lugar, activar al máximo nuestro servicio de inteligencia.

En lo personal pensamos, que deberíamos amortizar esta crisis a nuestro favor, para tratar de mejorar la imagen que tenemos en la idiosincrasia de nuestros vecinos, aportando desde nuestra casa con nuestras naturales limitaciones; esto ayudaría a crearnos una imagen positiva del otro lado de la isla, por el bien común de nuestros pueblos.

Impactos: 0